Entradas populares

lunes, 29 de diciembre de 2014

Algunas citas ambientales

Recopilación por Daniel Lara Sánchez




“El mundo comenzó sin el ser humano y terminará sin él”.
Claude Lèvi-Strauss


“La vida occidental parece estar derivando hacia un incesante aumento de entropía, hacia un caos económico y tecnológico, hacia un desastre ecológico y, finalmente, hacia un desmembramiento y desintegración psíquica”.

Morris Berman


“La Naturaleza no necesita de nosotros: nosotros sí necesitamos de ella. El cuidado del medio ambiente debe ser parte de la cultura: ésta es la manera en que cada grupo se relaciona con su ambiente y lo transforma”.
Eduardo del Río, Rius

“¿Nuestra civilización, modelo del desarrollo, no estará enferma de desarrollo?”
Edgar Morin

“La Tierra tiene suficientes recursos para satisfacer las necesidades de los hombres, pero no para saciar su codicia”.
Mahatma Gandhi

“Gracias al cambio climático, los esquimales ahora no tendrán veinte palabras para referirse a la nieve ni al agua”
John O’ Farrell

“Hablamos sobre los recursos naturales como si todo tuviera una etiqueta con el precio. Pero no podemos comprar los valores espirituales en una tienda. Las cosas que estimulan nuestro espíritu son intangibles: los viejos bosques, un río claro, el vuelo de un águila, el aullido de un lobo, el espacio y el silencio sin ruido de motores. Esos son los valores que las personas buscan y que todos necesitan".
George B. Schaller

“La sociedad de usar y tirar es un sistema injusto a todos los niveles, que está esquilmando y contaminando nuestro planeta, al tiempo que destruye el tejido social de muchas comunidades”.
 Alberto D. Fraila Oliver

“Las hormigas viven hoy de la misma manera en que vivían hace miles de años, y tan campantes. La humanidad en cambio, mucha evolución, mucha técnica, mucha ciencia y cada vez con más líos”.
Mafalda, de Quino

“La sustentabilidad es el tema de nuestro tiempo, del fin del siglo XX y del paso al tercer milenio, de la transición a la modernidad truncada e inacabada hacia una posmodernidad incierta…”.
Enrique Leff
 

viernes, 26 de diciembre de 2014

Modernidad y ecología: Víctor Toledo



Toledo, V. (2003), “Modernidad y Ecología: las múltiples dimensiones de la crisis planetaria”, en Boada y Toledo, El planeta, nuestro cuerpo. La ecología, el ambientalismo y la crisis de la modernidad, México, F.C.E, pp. 113-136.

Si quisiéramos resumir este excelente texto de Toledo en una frase, ésta sería “Construcción de una propuesta de Desarrollo Sustentable”. En este artículo, el autor caracteriza de manera puntual a la crisis del modelo civilizatorio que impera en la posmodernidad para, con base en ello, proponer una especie de utopía basada en la frase “El planeta, nuestro cuerpo”, la cual a su vez nace de la simbiosis entre el Naturalismo humanista y el Humanismo natural.
                Por medio de una estructura que va de lo general a lo particular, Toledo inicia clarificando el concepto de civilización, clave en el desarrollo del texto. Asimismo, describe cómo la globalización ha determinado las formas en que la convivencia humana se ha modificado a través de cuatro factores: el transporte, las comunicaciones, la economía y el crecimiento poblacional.  Con estos conceptos como base, al autor comenta que, a partir de la crisis global actual (que no sólo es ecológica, sino de civilización), se está gestando una nueva conciencia de especie (algo que ya adelantaba/proponía Edgar Morin en su texto “La agonía planetaria”) que podría desembocar en el desarrollo de un nuevo modelo civilizatorio basado en la sustentabilidad. Ésta es la propuesta central del texto y Toledo la concibe a partir de varios ejes.
                Los ejes/fundamentos/cimientos que sustentan la propuesta de Toledo son: a) Pasar del despotismo urbano industrial al “subversivo encanto de la autosuficiencia”, es decir, dejar de lado el modelo hegemónico que se opone a cualquier forma de diversidad, especialmente en lo relativo al uso de energía; b) Rechazar la economía de mercado, evaluando todas las consecuencias ecológicas que ésta ha traído, y adoptar un nuevo modelo de economía ecológica; c) Llevar a cabo una revolución ecológico-agraria diseñando un nuevo modelo de desarrollo rural basado en la relación armónica del ser humano con la naturaleza y no en la explotación de la segunda por el primero; d) Construir ciudades ecológicas en las que el ciudadano no esté alejado de la naturaleza y no vea a ésta como un espacio de recreación sino de producción, para dejar de ser un “consumidor improductivo” (p. 129).
                Toledo se da tiempo y espacio para criticar, con fundamentos, a los políticos y gobernantes que intentan “resolver” la crisis civilizatoria con medidas coyunturales (en palabras más coloquiales diríamos “parches”), desfasadas de la sustentabilidad, con lo que se ha provocado una virtualización de la democracia y una desnaturalización de la sociedad.
                El artículo termina con una reflexión sobre los dos escenarios futuros en los que puede verse inmersa la humanidad: el sostenimiento del modelo neoliberal que ya no da para más o el desarrollo sustentable. A diferencia del texto de Morin ya mencionado arriba, en el de Toledo encontramos las mismas preocupaciones, pero con propuestas concretas y estructuradas (aunque ambos son excelentes).

jueves, 6 de noviembre de 2014

Algo sobre la educación ambiental no formal (Ramón Lara)

Por Daniel Lara



Lara, Ramón (1997), “Informe sobre los proyectos de educación ambiental no formal”, en Revista Iberoamericana de Educación, OEI, número 11.


El texto revisado es un informe sobre una Reunión Técnica del Programa de la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos) sobre Educación Ambiental en Iberoamérica, realizado durante marzo de 1996 en Colombia. En dicha reunión, por lo que indica el texto, se presentaron experiencias de Educación Ambiental procedentes de América Latina, así como de España y Portugal. En ese sentido, este artículo tiene un carácter meramente informativo/descriptivo; sin embargo, puede calificarse como una excelente radiografía no sólo de la reunión mencionada (y por lo tanto de este campo en Iberoamérica), sino de cómo puede clasificarse y orientarse la educación ambiental en el ámbito no formal, es decir, extracurricular. Una de las primeras conclusiones a la que nos lleva la lectura es a la reflexión de que, hasta cierto punto, las condiciones sociopolíticas de los diversos países latinoamericanos son similares, por lo que los síntomas de la crisis ambiental pueden coincidir en muchos casos aunque con matices contextuales específicos. Esto lleva a pensar que la educación ambiental no formal en la región también puede llegar a coincidir en objetivos, visión y, en algunos casos, aplicaciones.
                Me parece que una de las mayores aportaciones de este texto a nuestro curso y nuestra formación es una definición bastante precisa sobre la Educación Ambiental no formal: “sistema complementario de la labor que desarrollan las instituciones educativas, reconociéndose su importante valor como instrumento coadyuvante para los necesarios cambios de comportamientos, actitudes y valores, que reclaman las sociedades que estamos analizando, todas ellas afectadas por procesos de deterioro ambiental significativos” (p. 4).
                A partir de la clasificación que Lara lleva a cabo de las experiencias presentadas a la Reunión de Colombia, el lector va comprendiendo diversos aspectos y características de la educación ambiental no formal: desde sus antecedentes históricos y los parteaguas históricos que le fueron dando sentido (como la Conferencia de Río), hasta los tipos de casos estudiados, los objetivos (también divididos en categorías), las personas encargadas de diseñarla e implementarla, los destinatarios, los contenidos (se proponen los conceptuales, procedimentales y actitudinales), la metodología, la necesidad de materiales y equipos, la financiación, los resultados y la divulgación/comunicación, así como sus nexos con la Educación Ambiental formal. Con base en todo esto, podemos ver que la EA no formal es creativa, incluyente, integradora e independiente.
                De todos estos aspectos, interesantes sin duda, me llamó especialmente la atención el relativo a la divulgación y comunicación. Lara señala, con mucha razón, cómo la EA no formal tiende, en general, a no cuidar este aspecto, por lo que poco se sabe de este tipo de experiencias. Y señala cómo, la corrección de este aspecto, podría ayudar a la mejora del sistema educativo y del medio ambiente.

sábado, 25 de octubre de 2014

Bienes globales: Arnold Bauer



Por Daniel Lara S.

Bauer, A. (2002), “Bienes globales: Liberalismo redux”, en Somos lo que compramos. Historia de la cultura material en América Latina, México, Taurus.

La invasión de productos extranjeros a la vida cotidiana en los países latinoamericanos no es, ciertamente, característica del neoliberalismo. Ya desde la etapa de la industrialización (conocida en México como el “milagro mexicano”), los bienes “de desarrollo” como les llama Bauer, comenzaron a consumirse en nuestros países. Sin embargo, es en los últimos años cuando tal invasión comercial y, por supuesto, ideológica, ha tomado tintes incluso dramáticos, gracias al proceso de globalización que vivimos.
                Uno de los primeros rasgos característicos del consumo en nuestra era global es el polo de influencia para nuestros países latinos: si a finales del siglo XIX y principios del XX los modelos a copiar eran los europeos (principalmente Francia e Inglaterra), en nuestros días es, sin duda, la cultura estadounidense la que ha marcado los senderos de consumo que transitamos hoy en día, tal y como lo expone el autor en este capítulo. Este hecho, aunado a que los medios de comunicación transmiten sobre todo esta nueva ideología dominante (la gringa) ha originado un efecto de estandarización en el consumo.
                Bauer toma como ejemplos paradigmáticos de esta realidad a dos marcas que se han convertido en emblemas/buques insignia del consumo imperialista/hipermoderno: la coca-cola y las hamburguesas McDonald’s. Más allá del lugar común (porque esto todos lo sabemos), el autor cuenta la historia de ambas empresas pero, sobre todo, las formas en que se invistieron como paradigmas de los procesos de consumo globales y que se pueden resumir, quizá, en las siguientes palabras: productos desechables, dañinos, pero rápidos y fáciles de adquirir (alguna vez escuché que Estados Unidos sólo ha aportado cuatro cosas al mundo: La coca-cola, el beisbol, las hamburguesas y Marilyn Monroe… y sólo una fue humana). Después de esta explicación, Bauer, a manera de contrapunto, habla de las artesanías locales y su  importancia como productos nacionales que contrastan con los bienes industrializados globales. Sin embargo, la conclusión a la que llega no viene sino a fortalecer la idea del consumo chatarra global: la compra de artesanías por parte de turistas nacionales y extranjeros, es más un asunto de imagen (vernos “cultos” o acordarnos de las vacaciones) que de verdadero valor de estos objetos. Además, la relación dialéctica que se establece entre ambos tipos de bienes (artesanales y locales) que ha provocado otra lógica de consumo y que sigue favoreciendo al consumo global.
                El capítulo termina con una conclusión que resume el contenido del libro, enfatizando en el cambio dentro de los procesos de consumo y cómo, en América Latina, se pasó de la introducción de “bienes civilizadores” a los “bienes globales”. Personalmente, creo que la mayor aportación del libro entero es explicarnos, desde sus orígenes, las dinámicas de consumo en nuestro continente y que seguimos viviendo en la actualidad.